Tomado de Blogs de El Espectador  The Nature Conservancy – Dejusticia

Por: María Paula Rubiano
Periodista Blog El Río y El Espectador

Que levante la mano el primer colombiano que, sentando en un salón de clase, no escuchó a su profesor decirle que Colombia era el cuarto país con más agua del mundo. Que a nuestra tierra la bañaban alegremente dos mares, que el Chocó es la segunda zona del globo donde más llueve, que el río Amazonas, que nos roza en una puntica al sur, es el río más grande y caudaloso de la tierra, y que mire donde mire en el mapa, va a ver venas azules de agua circulando y supuestamente, llenando nuestras tierras de vida.

Lo que no le dijeron, es que desde 1990, cuando efectivamente éramos el cuarto país con mayor riqueza hídrica en el mundo, hemos caído 20 puestos en ese ‘ranking’ ecológico. Que somos el puesto 24 porque la deforestación, pegada a la minería y al cambio climático, han convertido ríos, quebradas y arroyos en cicatrices áridas. Y, según un informe reciente del Foro Económico Mundial (WeForum), el mal manejo de nuestras aguas nos tiene en la lista de países que a mediados de este siglo – o sea, en 33 años– sufrirán por escasez de agua.

Pero, ¿cómo pasó esto? No es que en otros países hayan brotado ríos del suelo. Es que el informe, publicado en el blog Salmón, que pertenece al Foro Económico Mundial, evaluó no sólo la escasez física de agua de los países, sino que también tuvo en cuenta otro tipo de factores que pueden influir en la dificultad que tienen determinadas poblaciones para acceder al agua.  A este tipo de escasez, el WeForum lo denominó “escasez económica”.

En palabras simples, eso quiere decir que hay ciertos países en los que puede que haya ríos y ciénagas y arroyos de agua dulce vertiéndose sobre la superficie, pero que, por diversas razones económicas, sólo sirven para llenar de líneas azules los mapas. Un ejemplo: la dificultad para extraer el agua de pozos subterráneos, por el costo de las tecnologías necesarias para hacerlo. Otro: ríos, como el Bogotá y sus afluentes, absolutamente contaminados, cuyas aguas no sirven para ninguna actividad humana.

Y si a eso se suma el crecimiento desmedido de la población en ciertos lugares, se genera un “estrés hídrico”, es decir, una demanda de agua mayor a la que el ecosistema puede proveer. En Colombia, según el Estudio Nacional de Agua que realizó el Ideam en 2014, hay 318 municipios que están en riesgo de desabastecimiento de agua por este tipo de factores. De ellos, hay ocho cabeceras municipales con una vulnerabilidad alta, entre ellos, dos capitales: Pasto (Nariño) y Santa Marta (Magdalena).

Pero la escasez de agua para los seres humanos no es el único riesgo al que se enfrentan Colombia y sus miles de venas azules. En 2014, el Ideam dijo que actividades humanas, como la ampliación de la frontera agropecuaria (es decir, tumbar bosque para sembrar cultivos o poner a pastar vacas), “afectan de manera directa la sostenibilidad” de los ecosistemas de las cuencas. De 311 subzonas hidrográficas que existen en el país, hay 152 amenazadas (es decir, el 49%).

La organización The Nature Conservancy (TNC) dijo en un informe que publicó el pasado Día del agua, que esa pérdida de ecosistemas está afectando nuestra seguridad hídrica. “Pastos para ganadería, tierras para agricultura, cultivos ilícitos, mimería, urbanización e incendios forestales fueron la causa de la pérdida de 140,000 Has de bosques en el año 2014, y de 124,000 Has en el año 2015 (cifras de Ideam)”.

Mejor dicho: estamos en un círculo vicioso en el que deforestamos para producir comida, pero al deforestar dañamos los ecosistemas de los ríos, lo que hace más difícil nuestro acceso al agua y por consiguiente, entorpece nuestra producción de alimentos, lo que nos lleva a seguir talando las rondas de los ríos para sembrar más hectáreas de comida y luego… círculo vicioso.


Así se veían nuestros ríos en 1997. Probablemente, varios de los allí pintados ya no existen por causas humanas. Fuente: IGAC – Instituto Geográfico Agustin Codazzi

Lo preocupante es que lejos de ser la excepción, la situación vulnerable de Colombia es la regla de la mayoría de países latinoamericanos. De hecho, únicamente Perú, las Guyanas y Uruguay tienen garantizado el acceso al agua, según el mapa del WeForum.  De acuerdo con la entidad, “2.500 millones de personas (36% de la población mundial) viven en zonas bajo ‘estrés hídrico’ y más del 20% del PIB global se produce en zonas de riesgo de escasez de agua”. Para 2050 –acuérdese: 33 añitos–, 2.000 vivirán con escasez absoluta de agua y 5.000, con escasez física o económica.

No hay que decirnos mentiras: el panorama sí es grave. Y que levante la mano el primero que no haya escuchado sobre la ‘guerra del agua’, ese mito apocalíptico que por lo menos en mi infancia, circulaba en los pasillos del colegio y aseguraba que en el futuro, el peor conflicto de la humanidad iba a desatarse por ese líquido que Colombia, en teoría, tiene por montones. La solución no es fácil: un estudio de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles cree que para resolver el problema tenemos que invertir US$298.000 millones.

¿Y en qué se supone que debemos gastarnos esa plata? En tratamiento de aguas residuales y en sistemas de agua potable. Y es que, según la Onu, en la reutilización del agua está nuestra esperanza, pues actualmente, al menos en Latinoamérica, el 80% de las aguas que utilizamos regresan a los ríos y posteriormente a la mar, sin ser descontaminadas o reutilizadas, a pesar de que existen muy buenas ideas que ya se están aplicando en el mundo.

Si quiere contactarse con el autor de este artículo: blogelrio@gmail.com
Twitter: @BlogElRio @Pau_erre

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